Magician of the Silver Sky



 
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 When youre gone.

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Maya Kuroyami
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Femenino Edad : 26
Mensajes : 12

MensajeTema: When youre gone.    Vie Feb 24, 2012 5:47 pm

Este fic es KxA, empece a publicarlo en otro foro, aún siendo una rediciión de un antiguo fic conjunto mió (en aquel entonces Niona y Alex(Minako algo, no recuerdo el nick porque siempre la llame Alex). Nunca lo culminamos, y decidi modificarlo y publicarlo. El fic original no tenía la parte de la organización, pero vieno el fic creo que si ahondo mucho en ese tema me voy del original. En fin no se que hacer, en un principio empeze a poner sobre la lucha pero perdería el sentido el verdadero fic. Les dejo los dos capis escritos hasta ahora, pero creo que finalmente voy a resumir los hechos del enfrentamiento y luego preseguir con la tematica del fic.
Introducción 1: Ella

Si algo me han enseñado en esta vida, es que el más puro amor, puede romperse, incluso por cualquier tontería. Recuerdo una historia, una triste y negra historia, llena de dolor y traición. Donde el odio y el amor tienen un papel predominante.

Esta es la historia de una mujer, de un amor casi imposible, una que en esos días no pudo florecer. Ella esperó, días, semanas, meses… años, y ella seguía allí, sentada con lágrimas en los ojos. Aprovechando que nadie había en casa para llorar. Cuantas noches habría llorado, cuantas veces habrá disfrazado su angustia por alegría, tan solo para protegerme.

Lo esperó… hasta que una noche por fin abrió sus ojos, sabía que él no volvería, muchas veces se había mentido a si misma. Pero… ya no, no seguiría esperando a aquel loco amor que nunca había sido.

- Empezar…

Siempre se lo decía, era como si quisiera empezar pero no pudiese. Algo la ligaba aún al pasado y por mucho que cortase la cuerda, cada extremo se unía con un nudo y con cada intento de deshacerlo, este se hacía más fuerte. Pero, ese día desapareció, solo quedaba un pequeño hilo conector con el pasado que nunca se atrevería siquiera a deshacer.

Antes de su firme determinación, su tiempo se había estancado en aquel año, en ese mes, y en ese día, en el que se entregó al hombre de sus sueños. Aquel día en el que se marchó sin decir palabra alguna, dejándola tras de él, conmigo en su interior.

Introducción 2: Él

Hace tiempo que él lo había superado, el hecho de no estar con la mujer que realmente amaba. Ya le parecía un hecho lejano en su pasado, aunque no dejaba de parecerle doloroso a veces, la había superado, pero no olvidado.

Todas las noches dormía con una mujer diferente, con las más bellas mujeres que pudiera desear, hacía que él ya fuera todo un experto en la cama. Pero ninguna de esas mujeres le parecía perfecta, les faltaba algo, algo que solo ella tenía.

Nunca iba a admitir lo mucho que la extrañaba, ni lo mucho que necesitaba estar a su lado. La quería más que a nadie, la amaba cada día más, aunque el tiempo entre ellos dos se hubiese detenido en el espacio-tiempo.

Por mucho que su corazón deseara volver, su mente se lo impedía. No quería volver a sufrir, ella ahora tenía un hijo, debía de estar feliz con su pareja y su niño. O niña, ni siquiera sabía de que sexo era. Se propuso no volver, pero pronto el destino les jugaría una pasada.

Tomo1: Pasado
File 1: Situación problemática.
Esto sucedió cerca de las 00.30 más o menos de una fría noche de invierno. Aoko estaba sola en casa, su padre no volvería hasta la mañana. Estaba acostumbrada a estar sola, así que ya no sentía miedo alguno, y dormía sin ninguna preocupación. Hasta que alguien llamo a la puerta.

- ¿Quién diablos será?- se preguntó molesta, bajo a abrir la puerta, tal vez era su padre que se había olvidado las llaves en la comisaría. Ya había sucedido otras veces, así que bajo algo malhumorada.

Su camisón celeste era lo único que llevaba. Y era corto, muy corto. Lo que provocó la felicidad de aquel que la molestó.

- ¿¡Kaito!?

Las mejillas de él estaban encendidas y un aroma particular salía de él. Ella estuvo atenta a ello y abrió los ojos desmesuradamente. Torció la boca y se encaró a el.

- ¿¡¡Estas borracho!!?
- ¿Quién? ¿Yo?

Había llegado hasta allí a los tropezones, cuando intento incorporarse cayó en sus brazos. Aoko intento quitárselo de encima, pero le fue imposible; él mismo había invertido las posiciones. Kuroba Kaito la pego contra su cuerpo y la pared, sin dejarle la posibilidad de defenderse ni moverse. La cercanía de sus cuerpos provocó que un atractivo calor se acoplase en sus cuerpos. Y él, tan inconsciente como era, beso su cuello casi por necesidad. La primera reacción de Aoko fue de suspirar y después gemir.

Esa noche de invierno, fue la que desencadeno todo. Apretó las sabanas con sus manos, él se había marchado, y lo único que había dejado era una marchita rosa. Con rabia deshizo aquella rosa… La feliz noche que había tenido se esfumo, y tras de sí, dejo paso al dolor, la vergüenza, la rabia… e incluso al odio.

En un bar se encontraba él, había hecho una locura… la peor locura de su vida, pero no pudo negar lo placentera que había sido; después de todo Aoko era su dulce locura. Pero… desde hacía unos meses que los detectives del este y del oeste ya sabían de su identidad, y a partir de ello los tres comenzaron a trabajar juntos con un único fin, destruir a la organización negra; Su objetivo estaba por alcanzarse pero, para ello debían ir a Europa, y no podían permitirse el lujo de estar con las personas que amaban, si para protegerlas tenían que lastimarlas ellos estaban dispuestos a hacerlo.

Sonó la campanita de la puerta avisando que habían llegado clientes, sin embargo él siquiera se inmuto de ello, y siguió perdido en su bebida, al menos lo intentó hasta que una mujer le quito el vaso de la mano.

- Oye- se quejo él, su mirada estaba perdida, y veía borroso por el efecto de la borrachera.
- Dime guapo como un hombre tan apuesto como tú se encuentra en ese estado- le susurro esta al oído sensualmente, a continuación compro una botella de vino y le susurró nuevamente al oído que la siguiera, y el chico borracho y apenado como estaba no se lo pensó ni dos veces, la siguió.

Se subieron a un hermoso descapotable rojo, y a gran velocidad se dirigieron a un hotel cinco estrellas en el centro de Tokyo, ella lo ayudo a entrar en la habitación en un estado deplorable, incluso semiinconsciente, la chica sonrío con malicia y lo empujo violentamente a la cama. Saco de su bolso una caja de pastillas, tomo al inconsciente chico del pelo y lo obligo a tomarse una de esas extrañas pastillas, bajándolas con el vino.
- Por fin eres mío…- susurro mientras reía con maldad- Kaito- termino la frase fingiendo un tono dulce.
Ella siempre lo había deseado, siempre lo había mirado de lejos como esa… de Aoko Nakamori lo monopolizaba con esos encantos de niña pura, y buena. La odiaba con toda el alma, pero ¡sobre todo lo odiaba a él! ¿Cómo se atrevía a no fijarse en ella? Era alta, rubia, de unos enormes ojos grises. Nadie se escapaba de sus encantos, y él no sería la excepción. Ese día Mai Kurogami, marco el inició de la tempestad.

Una semana había pasado desde aquello, Kaito había sido encontrado tirado enfrente de la casa de Kudo; y desde ese entonces el detective había estado investigando, sin embargo el ladrón tenía un espacio blanco en el cerebro, no recordaba nada de lo que había hecho el día anterior del incidente, incluyendo a su Aoko.

Mientras tanto, por las concurridas calles de Shibuya Aoko se aferraba aterrada al sobre contra sus pechos. ¿Cómo se lo iba a decir?¿Cómo lo iría a tomar? tomando en cuenta que era el mismo chico que después de acostarse con ella desapareció sin dejar rastro, sabía cómo iba a terminar. La noche anterior había pedido cita con ginecólogo, y… ya tenía los resultados… ¡estaba embarazada!

Sus manos le temblaban, tomo valor, se seco las fugitivas lágrimas y envió ese importante mensaje. “Necesito verte, tengo algo importante que contarte. Aoko”.

File 2: Decepciones.

La mesa se encontraba tapada de planos, mapas, e incluso expedientes con los importantes datos sobre la investigación. Conan no paraba de pensar que lo sucedido con el mago tenía que estar relacionado con la organización, era un presentimiento, no sabía la razón pero lo averiguaría. Mientras él pensaba sentado en una silla al estilo Holmes, Kaito descansaba en la habitación de invitados. Se había quedado la noche en vela intentando ayudar al detective pero… últimamente se cansaba de nada, ¡no reconocía a su propio cuerpo!

El celular sonó debajo de las montañas de papeles, sin embargo una vez un caso llama la atención del joven detective no hay nada en el mundo que lo saque del.
- KUDO- le llamo la atención Ai Haibara; a decir verdad aunque tenía la apariencia de una niña era la científica que invento el veneno que convirtió a Shinichi en Conan, a demás de a ella. Y por supuesto el antídoto que pronto los regresaría a la normalidad. El joven la miró sin entender nada, mirando primero a ella y luego a donde estaba señalando, debajo de la montonera de papeles, al celular. Dio un sonoro suspiro y le llevo el teléfono al ladrón durmiente.

Eran ya las 5 de la tarde, habían quedado en la plaza del reloj a las 6, pero ella estaba tan nerviosa que llego una hora antes intentando planificar lo que le tenía que decirle al mago, sin embargo por más que pensará y pensará no veía manera de un “final feliz”, de una buena reacción por parte del mago a esa tamaña noticia.

Cuando el reloj de la torre marco las 6 en punto una solitaria rosa roja apareció por arte de magia ante los ojos de una triste Aoko. Lo miro lentamente a los ojos, se seco las lágrimas que amenazaban por fluir, y le dedico la mejor sonrisa que pudo. Si ese día iba a ser el último que iba a poder estar con él, debía aprovecharlo al máximo, ya tendría luego para darle la noticia.
- Me gustan más las blancas
- ¿Cómo?- lo miro sin entender, para cuando entendió a lo que se refería el mago ya había esquivado su primer golpe, y corrieron por toda la plaza en persecución como era costumbre. “Al menos ahora está sonriendo” pensó Kaito, sin sospechar que una sombra los perseguía en silencio.

La noche cayó lentamente, habían comido helado, Aoko había perseguido a Kaito más de una vez, y luego fueron a las hamacas, donde ahora se encontraban, sabiendo que pronto se despedirían, era la hora de que se lo dijese. Tomo aire, sostuvo las cadenas de la hamaca firmemente, y lentamente lo soltó.
-Kaito yo… yo- su voz se quebró, Kaito se quedo expectante, sentado en su asiento como esperando la condena, no dijo nada, no entendía porque la situación estaba tan tensa, ni lo sospechaba.
- estoy… estoy embarazada- por fin lo dijo, su voz era tensa, angustiada, lentamente fijo su mirada en Kaito que se quedo quieto como una estatua. Por un instante Aoko creyó ver desolación en sus ojos, pero rápidamente apareció su característica cara de póker.
¿Quién demonios se la había robado? ¡Seguro que ese maldito detective se le había adelantado! Sentía la furia, el dolor, la desilusión correr por sus venas.
- ¿Lo amas?- se atrevió a preguntar con un tono de voz que no dejaba ver ningún tipo de emoción aparente, aunque por dentro era un volcán en erupción.
- S…Si- se aventuro a decir ella, extrañada ante la situación, él se había acostado con ella y actuaba como si nunca hubiera sucedido, dejo que la rabia fluyera- ¡Kaito idiota!- gritó
- No me interesa saber nada- gritó él, estando tan dolido y furioso no quería saber quien había sido. Pero esa afirmación bastó para que ella le diera una cachetada, con la mejilla ardiendo por el golpe, una fea sensación en la garganta, y la rabia amenazando romper su autocontrol, desapareció en la noche. Dejando atrás una llorosa Aoko, y sobre todo, y sin saberlo embarazada de su hijo.

En la lejanía de la plaza, una mujer vestida con un provocador vestido negro sonreía ante la imagen, Aoko llorando amargamente ante la partida de Kaito. Tarde o temprano aparecería por fin en escena.

Con un portazo abrió la puerta de su casa, suspiro y se dejo caer sobre el sillón más cercano con una botella de whisky en las manos. “¿Cómo pudo hacerle eso? ¿Cómo jamás le había dicho que estaba saliendo con alguien? ¿Acaso no era él el único que podía tenerla?” pensaba con rabia, mientras acariciaba su sonrojada mejilla. Era cierto lo que le había dicho, aunque se lo preguntará a sí mismo, quién se la había robado, y aún cuando nunca la tuvo él la sentía suya, no quería saberlo por sus labios, no quería escuchar a Aoko contándole sobre él, ni prestarle sus brazos para llorar. Aunque le costará unas cuantas borracheras, él la superaría, la dejaría ser feliz con ese maldito infeliz y su hijo. No intervendría, solo tenía que pensar en la batalla contra la Organización que pronto se le avecinaba y todo estaría bien.

Sin embargo sus acciones decían otra cosa, sus pensamientos estaban en Aoko, solo en ella, incluso al otro día se encontró en el tejado con unos binoculares, mirando a la casa de enfrente a su amiga de toda la vida. Veía como con una triste sonrisa la muchacha acariciaba su vientre de forma suave y cariñosa al mismo tiempo que pasaba las páginas de una revista para cuidar de los niños. Lentamente su imaginación le jugó una pasada, se imaginó allí mismo, besando a Aoko posesivamente, acariciando él su vientre, elegir su nombre junto a ella e incluso se pudo ver junto a Aoko, junto a una feliz esposa y un montón de niños riéndose en la cama de sus padres. Sin embargo eso no podría ser, ¡ese niño no era suyo, ni lo sería jamás! “Ya hay un hombre en la vida de mi Aoko, solo tendré que aprender a vivir con ello” pensó el castaño, saliendo cabizbajo del edificio para emborracharse nuevamente.

File 3: Partida.

Las semanas pasaron volando, Kaito se emborrachaba cada día menos gracias a la intervención de sus amigos, mientras pensará solo en su padre, y en la organización podía mantenerse lucido, pero apenas los ojos azules de su Aoko se cruzaban por su mente ya sentía como se le iba el alma a los pies, los primeros días la veía en todas partes, en todas las personas, y si esas personas tenían ojos azules, existía un inminente peligro de ser besadas/os, incluso estuvo a punto de besar a Ran, desde ese día Conan no se pensaba dos veces el alejar al mago lo más posible de la bebida, y por supuesto, de su amiga.

Ya les he dicho que su partida a Europa era inminente, pues hacía unos días en Londres el FBI había atrapado a la gallina de los huevos de oro. Ella era una mujer millonaria y extravagante, y tenía tanto poder para manejar a su antojo a políticos y grandes empresarios en todo el mundo. ¿A qué viene el arresto?, ella era la mano derecha de “Anokata”, siendo su nombre en clave: Grapamiel (NA: es una bebida uruguaya no se me ocurría que poner no tomo alcohol jeje) ella era “igual” al jefazo, pues ella no sería una gran asesina, pero desde un principio ella había puesto el dinero, ella había pasado información importante, y ambos habían fundado la organización juntos. Era la mujer detrás del mayor asesino de la historia, y Anokata no era para nada idiota, mientras ella tuviera ese cuerpo, ese dinero y ese poder no la mataría, pero apenas pudiera se desharía de esa molesta mujer, y ni la hija que ambos compartían lo haría cambiar de parecer. Ni a ella le importaba su hija, él sabía perfectamente que Grapamiel la vendería con tal de salvar su pellejo. Y ahora en manos del FBI, iba a matar a esa molesta mosca aunque fuera con sus propias manos. Conan se había enterado por el equipo del FBI en Tokyo, sabiendo que la batalla con la organización se encontraba cerca no podían darse el lujo de dejar temas pendientes, se acercaba el fin de Conan Edogawa, y tendría que desaparecer lo más discretamente posible.

Heiji había dejado a Kazuha en Osaka, directamente no le había dicho que viajaba sería demasiado peligroso para ella, iba en busca de la organización, ¡el mejor caso de su vida! además no dejaría que Kudo lo sobrepasara, ni borracho. Pero sobre todo, aunque él no lo reconociera nunca, los dos K, Kudo y Kuroba eran sus mejores amigos, jamás los dejaría solos en una situación tan complicada.

Kaito quería partir cuanto antes, debía dejar ir a Aoko de su vida lo sabía, y mientras él estuviera ahí sería imposible. Cada día que pasaba Aoko corría el peligro de que un conocido ladrón fantasma entrara por su ventana, y la robara, tomará lo que él quería como suyo. Aún así si él la amaba, no podía hacerle eso, entrar y violarla. Pero quién diría que el día antes de partir un borracho, muy borracho ladrón fantasma entraría por esa ventana para hacer lo que había pensado.

Esas semanas Aoko no lo había pasado nada bien, extrañaba a Kaito, quería que estuviera allí con ella. Pero sabía que eso era imposible, él se lo había dicho, no quiero saber nada. Suspiro, tenía que alegar esos recuerdos de su mente, ella iba a ser madre, sola o no lo iba a tener, a cuidar y amar. Incluso si para eso tenía que dejar ir al hombre que amaba. Su padre lo había tomado bien, dentro de lo posible claro, que padre quería que su hija de 17 años se quedará embarazada y ni siquiera saber quién era el padre; obviamente que no se lo había dicho, no quería problemas con Kaito y que su padre… colgara a Kaito de la aguja minutera de la torre del reloj.

Ginzou Nakamori despreciaba al maldito que le hizo eso a su preciosa hija, pero sabía perfectamente que amargarse no era la solución y más con su nieto en camino. No, debía ser fuerte, y apoyar a su hija en todo, no era momento de lamentaciones. Aunque, por otro lado, ¿y si le conseguía un marido?… Solo tenía dos opciones.

Los malestares por el embarazo eran cada vez peores, vomitaba todo el tiempo, la comida le daba asco, los olores, los mareos… cada día lo pasaba peor, pero aún así se tomaba el tiempo y el cuidado de cantarle canciones de cuna a su pancita, acariciarla seguido y hablarle mucho. No solo lo hacía por que amaba a ese bebe, ni porque era lo único que la unía a su amado, sino que de esa forma no se sentía tan sola.

Esa noche mientras dormía, la ventana de su habitación se abrió, entrando un… etto, redactar el estado de mi padre esa noche es bastante penoso… Aunque he de reconocer… sin malinterpretar que es mi padre… que aún borracho tenía el encanto y la gracia de siempre, además que estar disfrazado alentaba aún más el impulso, del que luego no recordaría.

Kid se acerco a la cama, aún durmiendo parecía tan inocente, tan pura, no pudo reprimirse más, la extrañaba, la deseaba, la quería, si ese malnacido que se la había robado la había tenido ¡porque él no!

Tomo un mechón de pelo, oliendo su perfume a shampoo, tan delicioso, fijo sus ojos en sus labios y no pudo evitar rozarlos con los suyos. Lo que empezó como un roce termino siendo uno un poco más descarado. Aoko abrió los ojos bien despacio, estaba asustada, frente de si estaba Kid, con olor a alcohol y ¡encima besándola! Iba a gritar pero él se lo impidió con sus labios, capturando su boca al haberla abierto para intentar gritar. La besaba con pasión, con hambre de ella, sabía tan deliciosa, y ella no pudo evitar excitarse, él era tan parecido a Kaito, tenía los mismos ojos azules, era tan, tan como él. Abrió los ojos de inmediato, como no se había dado cuenta antes, tanta coincidencia de que hasta besara como Kaito, que también estuviera borracho como aquella noche, el mismo olor…
- Kaito- susurro contra su boca, él lejos de alarmarse (en ese estado), la beso con más posesión. Esa noche ella era suya y de nadie más. Y ante tanta pación ella se olvido por completo que él era Kid, que él era el padre de su hija, de que no se iba a hacer cargo… solo reacciono al contacto de sus cuerpos, a las ansias que sentían uno por el otro. Además muy en el fondo se ilusiono con la posibilidad de que él regresaría con ella. Esa noche su cuerpo y su alma le decía “Te esperaremos Kaito”, pero su mente le decía solo que era una tonta por esperar algo de él después de lo que paso. Claro que estos pensamientos vinieron después de que el mago ladrón se fuera tan rápido como llego. “Seguro que se va a emborrachar nuevamente” pensó Aoko, dicho, bueno pensado y hecho. Se emborracho nuevamente hasta olvidarse de su propio nombre, esa fue la última vez que se emborracho, y la última que vio a Aoko con 17 años. Esa noche desapareció de su mente, seguramente como autodefensa por vergüenza, quién diría que alguien pueda acostarse dos veces con la mujer que ama y olvidarse por completo de ambas veces.

En fin, ese día partirían y empezaría una de las batallas más complicadas de sus vidas. Conan ya había desaparecido, sus falsos padres aparecieron para llevarlo con ellos, despidiéndose de todos. Aunque Kazuha fue a buscar a Heiji a Tokyo, sin embargo no pudo verlo, ambas, Ran y Kazuha estaban iguales, esperando al chico que amaban regresará a salvo a su lado. Sin embargo para Aoko, aunque en la misma situación, no sería tan sencillo, aún si la organización caía.
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